lunes, 11 de enero de 2010

Edredoning

Antes de que os entusiasméis pensando ver fotos chulas de nieve que sepáis que esta vez no voy a subir ninguna.

Bueno, os voy a contar mi historia de cómo fui al IKEA a comprar un edredón, una odisea digna de Homero.

En primer lugar aclarar que con la de meses que llevo aquí, evidentemente ya tengo un edredón que me traje de España. El problema es que por las noches noto una corriente de aire fría procedente de un remoto lugar que resiste todavía y siempre a la calefacción.

Así pues me harté y decidí ir a comprar un edredón nórdico de nivel alto al IKEA (los edredones de esta multinacional sueca van de los niveles 1 a 6 dependiendo del calor que retienen).

El caso es que me bajé del tranvía tras unos 20 minutos desde la estación central (sí, venía de currar), y fui a la parada de autobús peleándome contra la ventisca por un poco de visibilidad. El caso es que cuando llegué: SORPRESA! El maldito horario de Internet estaba mal o el tranvía se había retrasado porque el autobús había pasado hacía 10 minutos y faltaba media hora para el siguiente!

Así pues seguí avanzando con dificultades por una acera imposible de distinguir de la calzada o del carril bici de no ser por los montículos de nieve acumulada que separan estos caminos. Me cerré bien la capucha, y me puse a andar pues la caminata sería corta.

Además de no tener casi visibilidad, cada vez que tenía que cruzar la calle eso era un auténtico peligro: se daban todas las circunstancias propicias para una masacre: no hay visibilidad, el semáforo no se ve, la calzada no se distingue de la acera, en la calzada no se aprecian ni los carriles ni los pasos de cebra ni nada, los coches van medio derrapando por la nieve derretida, hay montículos de nieve en mitad de la acera que te cubren hasta la rodilla y al pisarlos te hundes...

Afortunadamente, conseguí llegar tras atravesar el parking completamente congelado de IKEA, era como una pista de patinaje con enormes montículos de nieve (de mi altura aproximadamente) por donde se supone que pasan los peatones. Vamos, que además de ir los coches dando volantazos, encima los peatones tienen que ir por donde los coches....

Una vez allí, fui directamente a donde los edredones, lo que como todo el mundo sabe, en IKEA te puede llevar unos 20 minutos. Pero una vez allí, encima había un montón de tipos diferentes para cada nivel, así que compré el que me pareció más suave y menos caro y me lo llevé.

Una vez en la cola me tocó delante una pareja inútil y exasperante: un hombre de unos cincuenta años acompañado de una mujer de unos 35; vamos una de esas parejas modernas. Pues bien, no sólo el hombre no sabía contar billetes, sino que la chica joven no sabía utilizar una maldita tarjeta de crédito. Cierto es, para ser justos, que la cajera contando los billetes a la velocidad de un caracol no ayudaron precisamente.

El caso es que por fin, cuando pagué miré mi reloj y vi que ya era demasiado tarde para coger el autobús de vuelta hasta la estación de tranvía y que tendría que hacer otro peregrinaje por la llanura de los témpanos de hielo.

Eso sí, como no tenía prisa, porque ya había perdido el autobús gracias a la parejita, me di un antojo: las köttbullar suecas, que hacía 1 año que no probaba (son como albóndigas).

Tras otros 10 minutos atravesando la nieve como Galdalf atravesando el paso de Caradhras, conseguí llegar a la parada del tranvía. Eso sí, justo cuando estaba a punto de llegar: veo el tranvía partir a lo lejos! No se me ocurrió otra cosa mas que intentar correr, lo que fue mala idea, pues mi pie deslizó y apunto estuve de caer a la carretera.

Cuando por fin llegué tuve que chuparme unos 10 minutos a la interperie esperando a que apareciese el siguiente tranvía, pero por fin llegué a casa. Y ahora a dormir tranquilo y calentito.

viernes, 8 de enero de 2010

La Siberia Alemana

El año pasado estuve estudiando unos meses en Suecia y pensé que si había sobrevivido a esa oscuridad y ese frío podría con todo en Alemania.

Bueno, en cuanto a la oscuridad puedo decir que no es para tanto en Alemania, oscurece del todo para las 5 más o menos (en invierno). Sin embargo, respecto a la temperatura puedo aseguraros que en este "infierno gélido" hasta Dante se habría congelado.

En Suecia no hacía ni de lejos tanto frío, quizá porque estuve en una ciudad a lado del mar, y el mar siempre templa un poco las temperaturas. El caso es que en esta ciudad es imposible ver un termómetro positivo. De hecho, debido a las bajas temperaturas no hay casi termómetros por la calle para, según dicen algunos, no deprimir aún más a la población.
La temperatura habitual es de unos -15ºC todos los días. Vamos, la mar de agradable. De hecho cuando termine de pasar todo enero y febrero estoy seguro de que mis conocimientos adquiridos sobre pingüinos y osos polares sobrepasarán a cualquier investigador del polo norte (algo más que poner en el currículum).

La verdad es que yo ya ni distingo la temperatura que hace. En mi opinión, a partir de -7ºC el cuerpo pierde la sensibilidad a la temperatura y pasas el mismo frío haga -7 o -20! Eso sí, dependiendo de tu ropa puedes o no morir congelado (por eso no hay mendigos, pobres almas).

Este diciembre no tenía todo el material necesario para enfrentarme a la ventisca alemana y lo pasé realmente mal los últimos días, de hecho hubo un día que a pesar de mis 3 pares de calcetines creí seriamente que iba a perder algún dedo del pie por lo que tuve que refugiarme en un centro comercial y andar descalzo sobre el suelo de madera. Sí, hasta los góticos me miraban escandalizados! Afortunadamente en navidades me equipé correctamente para luchar contra el gélido y puñetero invierno de la baja Sajonia. Imaginaos la escena cada vez que sales de casa: a ponerte jerseys y calcetines de lana, un abrigo enorme con capucha peluda, botas de invierno buenas (del decathlón of course), camiseta interior térmica por supuesto, pantalones mínimo de pana, guantes de eskiar (el cuero me ha demostrado no ser suficiente), bufanda y bragas (de cuello, eh?).
Después de tanta cháchara os enseño imágenes de Braunschweig congelado (que no nevado).
El parking de mi casa (como el de Baqueira, igual de nieve y barro).
El río de Braunschweig congelado!
Menos mal que saben limpiar los caminos de nieve! (aunque suele seguir habiendo una capa de hielo incluso más peligrosa).

El camino a la universidad (los coches no tienen nieve porque acabarán de llegar y hay que limpiarlos antes de salir o el coche congelado no arranca).
La Carölo Universität de Braunschweig.
La estalartita asesina de mi balcón, como caiga abajo yo no me responsabilizo porque eso mata en el acto!